Te levantas con el vientre plano y, a media tarde, parece que estés embarazada de cinco meses. Te desabrochas el pantalón después de comer, tienes gases, a veces dolor, y ya no sabes qué alimento te sienta bien. Si esto te suena, quiero que sepas que te entiendo de verdad.
Durante años yo también tuve problemas digestivos. Fui probando, quitando alimentos, leyendo todo lo que encontraba, hasta que por fin me diagnosticaron SIBO. Esa experiencia cambió mi forma de entender la salud digestiva y la forma en que acompaño a mis pacientes.
La hinchazón tiene muchas causas posibles
Antes de hablar de SIBO, es importante decir algo: la hinchazón abdominal es un síntoma muy frecuente y puede deberse a muchas cosas. Comer muy rápido, tragar aire, el estreñimiento, ciertos alimentos fermentables, los cambios hormonales a lo largo del ciclo, el colon irritable, la celiaquía, las intolerancias, la endometriosis... La lista es larga.
Por eso no conviene autodiagnosticarse. Si tienes síntomas digestivos frecuentes, el primer paso es consultarlo con tu médico. Y, sobre todo, acudir sin demora si aparecen señales de alarma como pérdida de peso sin explicación, sangre en las heces, vómitos persistentes, anemia o síntomas que te despiertan por la noche.
Qué es el SIBO
SIBO son las siglas en inglés de sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. En condiciones normales, el intestino delgado tiene muchas menos bacterias que el colon. Cuando, por distintos motivos, se acumulan más bacterias de la cuenta en ese tramo, estas fermentan parte de lo que comemos antes de tiempo y producen gases y otros compuestos que generan síntomas.
Puede aparecer cuando falla alguno de los mecanismos que mantienen el intestino delgado "limpio", como el movimiento intestinal, la acidez del estómago o la integridad de la anatomía digestiva.
Señales que pueden hacerte sospechar
Ninguna confirma el diagnóstico, pero si reconoces varias, merece la pena comentarlo con tu médico:
- Hinchazón que va aumentando a lo largo del día y empeora después de comer.
- Gases abundantes, eructos o sensación de plenitud con poca cantidad de comida.
- Dolor o molestias abdominales.
- Diarrea, estreñimiento o ambos alternándose.
- Empeoramiento al tomar fibra, legumbres o ciertos probióticos.
- Antecedentes como cirugías abdominales, hipotiroidismo, uso prolongado de protectores gástricos o tratamientos que afectan al movimiento intestinal.
Cómo se diagnostica
La prueba más utilizada es el test de aire espirado: bebes una solución de azúcar y se miden en el aliento los gases que producen las bacterias durante un tiempo. La solicita e interpreta tu médico o tu especialista de digestivo, que también decidirá el tratamiento si se confirma el diagnóstico.
Los síntomas por sí solos no bastan para diagnosticar SIBO, porque se parecen mucho a los del colon irritable y otros trastornos. Por eso es tan importante no lanzarse a hacer dietas restrictivas sin una valoración previa.
Qué papel tiene la alimentación
El tratamiento del SIBO lo pauta tu médico. La nutrición acompaña ese tratamiento y tiene varios objetivos: aliviar los síntomas mientras tanto, asegurar que comes de forma suficiente y variada, y ayudar a prevenir recaídas trabajando sobre los factores que lo favorecen.
En algunos casos se usa durante un tiempo una dieta baja en FODMAP u otras pautas que reducen los alimentos más fermentables. Son herramientas temporales, con fases claras y con un objetivo final: reintroducir todo lo posible. Mantener una dieta muy restrictiva durante meses puede empobrecer tu alimentación y tu microbiota, y aumentar el miedo a comer.
Además, trabajo aspectos que a menudo se olvidan: dejar espacio entre comidas, comer con calma, cuidar el estrés y el descanso, y tener en cuenta en qué momento del ciclo empeoran tus síntomas, porque las hormonas también influyen en el intestino.
Pasé años sin entender qué le pasaba a mi tripa y con miedo a comer. Por eso me importa tanto que mis pacientes entiendan lo que les ocurre y vuelvan a disfrutar de la comida con tranquilidad.
Cuando la comida se convierte en una fuente de miedo
Después de mucho tiempo con síntomas, es habitual ir quitando alimentos hasta comer solo unos pocos "seguros". Lo entiendo, porque yo también lo hice. Pero ese camino suele llevar a más ansiedad y a una alimentación pobre. Parte de mi trabajo es ayudarte a salir de ese círculo, paso a paso.
Cómo trabajamos juntas
En la primera consulta revisamos tu historia digestiva, las pruebas que te han hecho, tus analíticas y tu alimentación. Si creo que falta alguna valoración médica, te lo indico para que lo hables con tu digestivo. Después recibes un plan por fases con menús de ejemplo y tienes 30 días de acompañamiento por email. En los seguimientos planificamos la reintroducción para que tu dieta vuelva a ser lo más amplia posible.
Si llevas tiempo con la tripa hinchada y quieres entender qué te pasa, puedes reservar tu primera consulta online o en Madrid.
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario.

Dietista-Nutricionista (Col. MAD00324) especializada en salud hormonal femenina. Yo también he sido paciente: por eso explico el porqué de cada paso.
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