Este artículo es para ti, la pareja. Cuando se habla de fertilidad, casi toda la atención recae en la mujer: sus ciclos, sus hormonas, sus pruebas. Y, sin embargo, en una parte importante de las parejas con dificultades para concebir hay algún factor masculino, solo o combinado con otros.
La buena noticia es que la calidad seminal es sensible a los hábitos, y que hay cosas que están en tu mano. No para garantizar un embarazo, porque eso no depende solo de ti, sino para que llegues a esta etapa en las mejores condiciones posibles.
Qué es el seminograma y quién lo pide
El seminograma es la prueba básica para valorar el semen. Analiza, entre otras cosas, el volumen, la concentración de espermatozoides, su movilidad y su forma. Lo solicita normalmente el urólogo, el andrólogo o la clínica de reproducción, que también se encarga de interpretarlo.
Un dato importante: el semen varía bastante de una muestra a otra. Una fiebre, una mala racha de sueño o una temporada de mucho estrés pueden alterar un resultado puntual. Por eso, ante un seminograma alterado, es habitual repetirlo antes de sacar conclusiones. Si te han dado un resultado que te preocupa, coméntalo con tu especialista antes de alarmarte.
Por qué tus hábitos de hoy cuentan dentro de tres meses
Los espermatozoides tardan alrededor de tres meses en formarse y madurar. Esto tiene dos lecturas. La primera, que los cambios que hagas no se notarán de inmediato, así que conviene tener paciencia. La segunda, que el semen que produzcas dentro de unos meses se está formando ya, con lo que comes, cómo duermes y lo que haces hoy.
La alimentación que se asocia con mejor calidad seminal
Los estudios que relacionan alimentación y semen apuntan en una dirección bastante coherente: un patrón de tipo mediterráneo se asocia con mejores parámetros seminales que un patrón rico en ultraprocesados. En la práctica, esto se traduce en:
- Verduras, hortalizas y fruta todos los días, de colores variados.
- Legumbres varias veces por semana y cereales integrales en lugar de refinados.
- Pescado con frecuencia, sobre todo azul y de pequeño tamaño.
- Un puñado de frutos secos a menudo y aceite de oliva virgen extra como grasa principal.
- Menos carnes procesadas, bollería, refrescos y comida rápida.
Detrás de esto hay varios mecanismos. Los espermatozoides son células especialmente sensibles al estrés oxidativo, y una alimentación rica en vegetales aporta antioxidantes de forma natural. Además, nutrientes como el zinc, el selenio, el folato o los omega-3 participan en su formación.
Otros hábitos que pesan
El tabaco se asocia con peor calidad seminal. Dejarlo es probablemente uno de los cambios más útiles que puedes hacer.
El alcohol, sobre todo en consumos elevados o frecuentes, también. Lo prudente en esta etapa es reducirlo al mínimo o eliminarlo.
El cannabis y otras drogas pueden afectar a la producción de espermatozoides.
La testosterona y los anabolizantes merecen un aviso especial. Si los usas para el gimnasio o por tu cuenta, debes saber que pueden frenar la producción de espermatozoides. Coméntalo con tu médico antes de dejarlos o cambiar nada.
El calor en la zona genital. Los testículos funcionan mejor a una temperatura algo inferior a la del resto del cuerpo. Saunas frecuentes, baños muy calientes, el portátil sobre las piernas durante horas o pasar muchas horas sentado pueden influir.
El peso y el sedentarismo. El exceso de grasa corporal se relaciona con alteraciones hormonales que pueden afectar al semen. Moverte a diario y hacer ejercicio con regularidad ayuda, sin necesidad de entrenamientos extenuantes.
El descanso y el estrés. Dormir poco de forma mantenida y vivir con estrés crónico también forman parte de la ecuación.
Y los suplementos para hombres
Hay muchos productos que se venden para mejorar el semen, normalmente combinaciones de antioxidantes, vitaminas y minerales. Algunos pueden tener sentido en casos concretos, pero la evidencia no es tan sólida como sugiere su publicidad y no todos los hombres los necesitan. Antes de tomar nada, lo ideal es que lo valoréis con un profesional, teniendo en cuenta tu alimentación, tu seminograma y lo que indique tu especialista.
Cuando el hombre se implica desde el principio, el proceso cambia. Ella deja de sentir que todo depende de ella, y él descubre que tiene un papel real, no solo de acompañante.
Cómo trabajamos en pareja
Por eso tengo una consulta de fertilidad en pareja, de 90 minutos, en la que valoro a los dos: vuestra historia, vuestras pruebas, vuestra alimentación, el descanso y el estrés. No trabajo con protocolos estándar; antes de recomendar cualquier cambio, necesito entender qué está ocurriendo en vuestro caso. Al terminar os entrego una hoja de ruta y un protocolo personalizado, con pautas pensadas para que podáis seguirlas juntos en casa.
Si queréis contarme primero vuestra situación, podéis hacerlo a través del formulario gratuito «Cuéntame tu caso».
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario.

Dietista-Nutricionista (Col. MAD00324) especializada en salud hormonal femenina. Yo también he sido paciente: por eso explico el porqué de cada paso.
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